La ira de un hombre amable


La ira, ¿es un estallido, un impulso, un trastorno? ¿tiene algo de racional? ¿se puede gestionar? ¿se puede desaprender? A estas preguntas responde a EFEsalud David Pulido, psicólogo, autor del libro “¿Nos estamos volviendo locos?”, coguionista de “Tarde para la ira”, y desde la noche del sábado ganador, con Arévalo, del Goya al Mejor Guión Original.

Pulido afirma que la ira es una emoción preocupante, no tanto para quien la siente y explicita, sino para quien la sufre y recibe. A la consulta de este experto, que trabaja en el Centro de Psicología Álava Reyes, acuden muchas personas afectadas por esta emoción distorsionada, aunque normalmente no van por voluntad propia, van animadas por personas de su entorno.

Raúl Arévalo, con el Goya al Mejor Guión Original en la mano, recoge el premio con David Pulido/EFE/Ballesteros

“Tenemos episodios de ira, no tenemos ira dentro. La ira es un comportamiento aprendido, que se puede controlar y gestionar. Es una respuesta fisiológica de activación de personas y animales ante una situación de conflicto, peligro o frustración; esta activación produce cambios fisiológicos que nos preparan para actuar ejecutando movimientos violentos, de descarga, de querer explotar”, afirma David Pulido. “Esta respuesta, de golpear o insultar, produce alivio, pero tiene consecuencias nefastas”, destaca Pulido, quien en su libro dedica un capítulo a la ira.

“Aunque experimentemos la ira como si fuera un impulso súbito, tiene dos componentes muy marcados. Uno de activación y otro de descarga”, añade.

¿Se puede controlar la ira?

Cartel de “Tarde para la ira”

Sí, responde Pulido, con entrenamiento o con terapia, como cualquier otra emoción. Si se aprenden a identificar los resortes de su activación se puede disminuir la descarga agresiva; por ejemplo, esperando, pensando en otra cosa distinta a lo que provoca el enfado, contando números, hay diferentes fórmulas para aplacar la ira.

¿La ira es siempre mala?

No, ante determinadas circunstancias primarias o situaciones físicas de riesgo, la ira puede ser útil, por ejemplo, para derribar una puerta, aguantar golpes, defendernos de una amenaza física, es una preparación para la pelea.

El problema es cuando se siente ira en un atasco, o porque se estropea el ordenador, o porque nos regaña el jefe.

David Pulido no es partidario de clasificar a las personas en función de una especie de termómetro de violencia: “Creer que una persona es violenta por naturaleza, genes, personalidad o esencia, es un error tremendo. Cuando catalogamos a la gente como violenta o no, solemos llevarnos sorpresas, porque hay situaciones donde la clasificación falla, y encontramos gente aparentemente tranquila que estalla, y otros etiquetados como “violentos” que demuestran más tranquilidad de la previsible.

Tarde para la ira

Fotograma de “Tarde para la ira”

La ira de Jose, el protagonista de “Tarde para la ira”, interpretado espléndidamente por Antonio de la Torre, le ha llevado a una obsesión y un bloqueo, su vida ha quedado parada, como congelada, sin alternativas, explica David Pulido.

El personaje no es está iracundo cuando se nos presenta en la película, gestiona sus emociones y ejerce control sobre ellas. Ha aprendido a manejar su sentimiento desde el silencio, hasta que empiezan a desencadenarse los acontecimientos que dan forma a la trama de la película. Entonces su impulso es irrefrenable. Y no tiene nada que perder.

“Estamos ante la furia de un hombre tranquilo”, explica Pulido, quien aprovecha este enfoque para insistir en su idea: “Una persona puede ser tranquila , pero estallar en un determinado momento. Cuidado con encasillar a las personas y a los violentos. Hay gente sumisa en el trabajo que llega a casa y maltrata a su mujer y sus hijos. Hay matones de instituto que en casa parecen angelitos”, analiza.

“Mejor que hablar de personas violentas analicemos los impulsos para gestionarlos y corregirlos”, incide Pulido, quien remarca que la venganza del protagonista de la película parte de una obsesión, pero tiene mucho de improvisación y poco de planificación, ya que comete muchos fallos. No es un psicópata que se venga con frialdad, siente la necesidad de encontrarse con quienes destrozaron su vida. No tengo nada claro que Jose pensara desde el principio que iba a matar. Hemos querido dotar de un componente humano al personaje”, explica.

La ira, una emoción preocupante; un estallido, una reacción aprendida que se puede controlar y corregir. “Guardense de la furia de un hombre tranquilo y de las aguas mansas”, dice Pulido, ya con su primer Goya en las manos. “Un hombre sabio teme la ira de un hombre amable”, dice Patrick Rothfuss, de quien esperamos su tercer libro de la saga “El nombre del viento”, que está tardando.

Protéjanse de los hombres violentos, de los hombres amables, y de Donald Trump, pero, por favor, si no lo han hecho, no dejen de ver esta película.

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