Los beneficios del yoga en personas con diversidad funcional


El yoga es una práctica milenaria que tiene su origen en la India y son múltiples los beneficios que ofrece a quienes lo practican: tonificar el cuerpo, ganar flexibilidad, mejorar posturas y bajar los niveles de estrés, entre otros.

Estas aportaciones son especialmente beneficiosas para las personas que tienen diversidad funcional y necesidades especiales porque la práctica de un yoga adaptado permite tomar conciencia del cuerpo mediante la meditación o “mindfulness” (en español, concentración plena), relajarse, respirar adecuadamente y tonificar los músculos.

Yogaespecial, una asociación formada por 24 terapeutas a nivel nacional, trabaja específicamente con estos colectivos a través de la inteligencia emocional y el vínculo emocional, la respiración, la meditación y el contacto con el cuerpo. Las actividades se realizan en sesiones individuales hasta que la persona está preparada para formar parte de un grupo.

Beneficios del yoga adaptado

síndrome de Down

Un niño con síndrome de Down practicando yoga. Imagen cedida por Yogaespecial

En las sesiones hay dos ámbitos de intervención: yoga dirigido a personas con necesidades especiales (déficit de atención e hiperactividad, discalculias, dislexia, disgrafía, etc.) y yoga adaptado para personas con diversidad funcional, como daños cerebrales, trastorno del espectro autista (TEA), síndrome de Down o microcefalia.

A través de diferentes fases del yoga se trabaja el desarrollo de los cinco movimientos básicos de la columna vertebral en función de las posibilidades de cada persona.

“En la fase imitativa (reproducir una postura) se puede trabajar con determinados tipos de colectivos, como síndrome de Down, niños con déficit de atención o incluso algunos casos de daños cerebrales muy leves”, explica Arantxa Bermejo, socia fundadora y presidenta de la asociación Yogaespecial.

En los casos de autismo, algunas patologías cromosómicas o daños cerebrales severos se trabaja de manera inductiva e interactiva, esto es, el terapeuta induce la postura mediante el movimiento del cuerpo.

“A través de este trabajo inductivo pretendemos abrir bien las fascias, que son las partes más profundas de la musculatura del cuerpo, porque estos movimientos crean espacio para la respiración, destensan los músculos atrofiados o muy rígidos y tonifican la musculatura que está hipotónica (flácida)”, señala Bermejo.

El objetivo del yoga es “reconectar” a la persona con su cuerpo, y esto puede tener beneficios importantes en el autismo: “Las personas con TEA están muy desconectadas del entorno a nivel emocional, y cuando conectan con el cuerpo son capaces de gestionar las emociones mucho mejor, están más tranquilos y más cómodos dentro de su estructura física”, afirma la terapeuta.

También gracias a los beneficios del yoga las personas con daños cerebrales tienen otra experiencia sensomotriz al prestar atención a las diferentes partes del cuerpo.

Meditación. EFE/Raminder Pal Singh

“En los casos de síndrome de Down, la práctica del yoga ayuda a respirar correctamente y esto mejora los problemas respiratorios y los digestivos, que muchas veces son causados precisamente por una falta de oxigenación en el aparato digestivo”, informa Bermejo.

La protrusión de la lengua, característica de las personas con síndrome de Down, también puede moderarse mediante el yoga al respirar por la nariz.

Las técnicas empleadas durante estos talleres son las asanas, posturas físicas que aportan equilibrio, flexibilidad y firmeza; el pranayama o control de la respiración, que proporciona calma y serenidad; el dhyana o concentración; el yoga nidra o relajación; y los mantras, que son trabajos con sonidos y sílabas que inducen a la mente a la relajación y el positivismo.

El pasado 1 de diciembre, la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) declaró el yoga de la India Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

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