CÓMO VIVIR LA MENOPAUSIA SIN RENUNCIAR AL BIENESTAR

La menopausia se suele relacionar con síntomas molestos, pero conociendo de antemano sus efectos, se puede sobrellevar con una buena calidad de vida.

La menopausia es una etapa normal de la vida de la mujer. No obstante, a menudo se vincula con malestar físico y emocional. Este período no tiene por qué vivirse con intranquilidad o molestias, pero es importante conocer los cambios que se pueden experimentar para prevenir sus efectos y mantener la vitalidad.

En la mayoría de casos, la menopausia no afecta a la calidad de vida. Según la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM), sólo el 20 % de las mujeres españolas padecen síntomas severos durante esta etapa, como sofocos, sudoración excesiva o insomnio. La AEEM indica que la edad media en la que sobreviene está alrededor de los 51 años, aunque normalmente puede oscilar entre los 48 y los 54 años. Esta etapa se inicia cuando, de forma progresiva, los ovarios pierden su función reproductora y hormonal. Como consecuencia de este proceso, disminuye la producción de las hormonas femeninas, los estrógenos y la progesterona. De ahí que el cuerpo experimente cambios endocrinológicos.

 

Tres etapas distintas

La transición del estado fértil al no reproductor se divide en tres fases. Por norma general, se produce una etapa inicial denominada perimenopausia, que suele durar 5 años –aunque puede acortarse en el caso de mujeres fumadoras u operadas del útero o los ovarios-. Algunos de los síntomas más típicos de la perimenopausia son los ciclos irregulares, un cambio en la distribución de la masa corporal y la sequedad vaginal.

La última menstruación es la que marca la llegada de la segunda etapa, la menopausia, que indica la pérdida de la fertilidad y que se alarga paulatinamente hasta la posmenopausia. Síntomas frecuentes A lo largo de estas tres etapas la mujer puede experimentar diferentes síntomas, como tener unas reglas abundantes o que duren más tiempo, sufrir retrasos en el ciclo o alteraciones en el fluido vaginal. Aunque estos cambios son el síntoma más habitual para advertir el inicio de la menopausia, lo mejor es acudir al ginecólogo para determinar por qué se producen y descartar que tengan que ver con una patología. Por otro lado, sentir una sensación de calor y nerviosismo repentina, que aumenta el flujo sanguíneo de la piel de la cara, el cuello y el tórax, acompañada de palpitaciones y sudor, es una de las reacciones más habituales durante esta etapa. Se trata de los conocidos sofocos, una alteración que un 20 % de las mujeres acusan durante más de 5 años.

Para la mayoría, afrontar con serenidad estas molestias no implica más que adoptar hábitos de vida saludable. Sin embargo, cuando se vuelven insoportables, el tratamiento que se prescribe habitualmente –siempre y cuando el especialista determine que entraña más beneficios que riesgos– es la terapia hormonal sustitutiva, un fármaco a base de estrógenos y progesterona. También existen tratamientos alternativos, como por ejemplo complementos alimentarios para paliar los síntomas y aportar los nutrientes necesarios para prevenir los transtornos asociados a la menopausia.