La comunicación entre la farmacia y AP, un beneficio para el paciente


A lo largo del último lustro han aparecido diversas iniciativas de colaboración entre la farmacia comunitaria y la de Atención Primaria, útiles para mejorar el cuidado de los pacientes y reducir el número de citas de los centros de medicina general. Dos de ellas se han originado en Castilla y León, más concretamente en Valladolid y Burgos, que hace tiempo dejaron de ser una experiencia piloto para convertirse en un protocolo real. De hecho, ambos proyectos recibieron sendos premios en el último Congreso Nacional de AF.

En el caso de Valladolid, se identificaron una serie de problemas derivados del sistema de receta electrónica, y relacionados con la falta de comunicación directa entre los médicos de familia y los farmacéuticos comunitarios. “En el proyecto de receta electrónica de Castilla y León existe un sistema de comunicación directo entre los profesionales planificado y acordado que desgraciadamente aún no se ha hecho efectivo, aunque se sigue trabajando por su aplicación”, explican fuentes del COF de Valladolid.

Para paliar este déficit, en 2016 surgió una iniciativa que planteaba elaborar un canal de comunicación con el médico prescriptor. “Establecimos unos mecanismos de trabajo en coalición con el Servicio de Farmacia de Atención Primaria y elegimos un centro piloto para ponerlo en práctica. La idea era solucionar la dispensación de fármacos por receta electrónica que no requerían de una visita al médico”, comenta Ana Ruiz, coordinadora del proyecto y miembro de la Sociedad Española de Farmacéuticos de Atención Primaria (Sefap).

El ejemplo más común es el del paciente que no recoge el medicamento prescrito en el plazo establecido. “El sistema bloquea la dispensación y el farmacéutico no puede darle al enfermo su medicamento, así que éste tiene que pedir otra cita con el médico sólo para que se haga un simple clic”, afirma Ruiz.

Una visita que con este sistema puede evitarse: cuando el farmacéutico detecta un caso, lo comunica al centro de salud. Allí se genera una cita no presencial con la que el médico puede corregir la incidencia. “En cuestión de 24 horas, el paciente puede retirar su medicación en la oficina de farmacia sin necesidad de pasar por la consulta”, apunta la portavoz de Sefap. Según los datos de esta organización, el protocolo está ya instaurado en todas las zonas urbanas de Valladolid y el promedio de incidencias enviadas al mes fue de 21,44 por farmacia.

Experiencia en Burgos

El proyecto desarrollado en Burgos tiene como objetivo resolver errores de dispensación que se producen en las oficinas de farmacia, y en él colaboran la Gerencia de Atención Primaria de esta provincia y el Centro de Información de Medicamentos de su COF. “Surgió en 2012 de la necesidad de localizar al paciente: por haber detectado una dispensación no acorde con la prescripción; por necesitar hacer una aclaración a una dispensación en cuanto a la forma de administración o de especial atención; por haberse dejado su tarjeta sanitaria en la oficina de farmacia, etc.”, enumera Belén Villalmanzo, directora técnica del COF de Burgos.

El mecanismo que se ha puesto en marcha convierte al CIM en receptor de las llamadas de las farmacias que necesitan localizar a un paciente, y cumple de forma diligente con la normativa de protección de datos. “Si se considera necesario, se traslada con urgencia a las farmacéuticas de la Gerencia de Atención Primaria, desde donde se localiza al paciente y se le indica que se dirija a una farmacia determinada para que le cambien la medicación”, comenta la portavoz del COF.

125 errores notificados procedentes de 42 oficinas de farmacia, de un total de 204.

 

Según datos de Sefap, hasta julio de 2017 se registraron 125 notificaciones, de las cuales se consiguió localizar a 118 pacientes. Catorce de ellos ya habían iniciado el tratamiento erróneo y tres precisaron intervención de su médico.

El modelo catalán

Desde el COF de Barcelona también se ha puesto en marcha un protocolo de comunicación entre farmacia comunitaria y de atención primaria. Se presentó en marzo de 2017 en el congreso Infarma, y desde entonces está permitiendo una mayor coordinación entre ambas partes, “algo que revierte en una mejor atención al paciente”, apunta Francisca Aranzana, vocal de Oficina de Farmacia del COF. Ésta añade que el proyecto “está contribuyendo a que coordinadores de zona y responsables de atención primaria se conozcan, algo fundamental para empezar a trabajar conjuntamente”.

Como en Castilla y León, en Cataluña la implementación de la receta electrónica ll

evaba consigo un sistema de comunicación directa y confidencial entre la farmacia comunitaria, la de primaria y otros profesionales sanitarios de medicina general. Una herramienta que todavía no funciona al cien por cien.

“Los farmacéuticos están adaptando el protocolo a las necesidades del territorio. Las analizan y aplican la herramienta para coordinarse con los centros médicos, por ejemplo, con el proyecto de deshabituación tabáquica, con el que empezamos a trabajar en septiembre”, comenta Aranzana.

Por otra parte, ha permitido que coordinadores y delegados hayan asistido a más reuniones. “Además, nos ayuda a coordinarnos con los centros de atención primaria cuando hay desabastecimiento de medicamentos”, explica.

 

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