La cardiología geriátrica atiende a pacientes cada vez más complejos


Los ensayos clínicos apenas incluyen a pacientes ancianos y las guías de práctica clínica se refieren a individuos eminentemente jóvenes porque están basadas en esos estudios. Además, cada documento de recomendaciones suele centrarse en una única patología. Sin embargo, la realidad es muy distinta y en especialidades como la cardiología se constata que la prevalencia de la mayoría de las enfermedades aumenta con la edad y que con el envejecimiento crece el número de dolencias que padece cada individuo (comorbilidad).

Ante este panorama, la cardiología geriátrica representa una subespecialidad emergente en vías de consolidación, tal y como se puso de manifiesto en el simposio Nuevos horizontes en cardiología, celebrado en la Universidad Alfonso X el Sabio, en Madrid.

La geriatra María Teresa Vidán, del Hospital Gregorio Marañón, de Madrid, aludió al progresivo envejecimiento de la población: “Actualmente, la esperanza de vida en España es la mayor de Europa y la segunda del mundo, muy cercana a la de Japón. Al nacer, la expectativa de vida de las mujeres se sitúa en 85,7 años, y la de los hombres en 80,4”. La experta añadió que, en los últimos años, “también ha crecido la expectativa de vida libre de enfermedad, y en esto no somos los primeros; todavía tenemos un margen de mejora”.

Insuficiencia cardiaca

A partir de los 70 años, las enfermedades que más casos de discapacidad provocan son las cardiovasculares. Vidán puso como ejemplo la insuficiencia cardiaca, que “se concentra cada vez más en pacientes muy ancianos”. Se trata de una enfermedad muy incapacitante, que lleva a múltiples ingresos hospitalarios, cada uno de los cuales representa “un paso más en el declive general y en la discapacidad progresiva del paciente”.

La esperanza de vida ha crecido mucho, pero no tanto la expectativa libre de discapacidad

El gran desafío es decidir, tanto en el caso de la insuficiencia cardiaca como en otras patologías cardiovasculares, qué pacientes pueden beneficiarse de un tratamiento más agresivo y cuáles no van a mejorar con la aplicación de ciertas intervenciones. Para Pablo Díez Villanueva, presidente de la Sección de Cardiología Geriátrica de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), la clave está en “individualizar los tratamientos”, teniendo en cuenta que los paciente ancianos con patología cardiaca “no son tan perfectos” como los que se incluyen en los ensayos clínicos. “El reto es la medicina centrada en el paciente”, añade Vidán, para quien el envejecimiento es “muy heterogéneo”.

Porcentaje de individuos afectados por distintas enfermedades (desde ninguna a más de 6) en las diferentes franjas de edad.
Porcentaje de individuos afectados por distintas enfermedades (desde ninguna a más de 6) en las diferentes franjas de edad.

La aplicación sin filtro de las recomendaciones terapéuticas de las guías de cardiología -que se añadirían a las de las enfermedades renales, respiratorias, digestivas… de cada paciente- no es viable, pero tampoco es asumible descartar tratamientos solo por la edad, sobre todo cuando cada vez son más las opciones farmacológicas, intervencionistas y quirúrgicas. Por eso, los especialistas cuentan cada vez con más armas para evaluar el estado del paciente.

Fragilidad

Lo primero que deben tener en cuenta quienes atienden a los pacientes mayores es la diferencia entre edad cronológica y edad biológica. Dos personas con 80 años pueden presentar un estado general muy distinto, y el criterio de fragilidad es uno de los que mejor puede ayudar a diferenciarlos de cara a la adopción de medidas terapéuticas. “La fragilidad es un síndrome biológico que se caracteriza por una disminución de la reserva fisiológica ante una situación de estrés”, apunta Díez Villanueva. “Por lo tanto, constituye un estado de vulnerabilidad que se asocia con un mayor riesgo de presentar un resultado adverso”.

La evaluación de la fragilidad ayuda a aplicar las terapias a los pacientes que más se benefician

Diversos estudios han demostrado que las escalas y parámetros que miden la fragilidad (teniendo en cuenta aspectos como el cansancio, la actividad física, la fuerza de presión manual o la pérdida no intencionada de peso) y la comorbilidad pueden guiar la decisión de aplicar o no tratamientos intervencionistas como el implante valvular aórtico transcatéter (TAVI). Esta técnica para la estenosis aórtica ha supuesto toda una revolución en el mundo de la cardiología pero, según diversos estudios, la evolución de los octogenarios sometidos a ella es mucho mejor cuando la comorbilidad del paciente es baja. “Si presenta mucha comorbilidad, la estenosis aórtica es solo uno de sus problemas y solucionarla no va a mejorar su pronóstico a corto plazo”, recalca el cardiólogo.

The post La cardiología geriátrica atiende a pacientes cada vez más complejos appeared first on Correo Farmaceutico.



Source link