Adelantar los nuevos alimentos influye en el sueño del bebé


La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que la leche materna es el alimento idóneo para el bebé durante los primeros seis meses. A partir de ese momento, la lactancia exclusiva (materna o artificial) no es suficiente, pero sigue siendo la principal fuente nutritiva a lo largo del primer año de vida. Los pediatras españoles se rigen por estos principios básicos para abordar la alimentación de los lactantes y aconsejar a los padres, quienes con frecuencia bombardean a los profesionales sanitarios con preguntas sobre cuándo empezar a introducir la alimentación complementaria, qué productos deben suministrarse al bebé antes y cuáles más tarde, la conveniencia de adelantar o retrasar el consumo de nutrientes potencialmente alergénicos como el huevo o determinados frutos secos…

Los estudios científicos sobre la cuestión suelen ayudar a discernir qué es lo importante y desterrar falsos mitos, pero no siempre. De vez en cuando, surge alguno que, en vez de esclarecer conceptos, podría enredar aún más las cosas. Es el caso de un ensayo clínico publicado la semana pasada en JAMA Pediatrics, cuyos autores, dirigidos por el profesor Gideon Lack, del King’s College de Londres, apreciaron que los bebés en los que se iniciaba la alimentación complementaria antes de los seis meses dormían mejor y se despertaban con menor frecuencia durante la noche.

Los investigadores comentan en la introducción de su trabajo que, a pesar de las recomendaciones de la OMS, el 75 por ciento de los padres británicos introducen la alimentación complementaria antes de los cinco meses y el 26 por ciento de ellos señala que el sueño del bebé influye en la decisión.

El nuevo trabajo cambia concepciones previas, pero no basta para modificar las recomendaciones

En realidad, el propósito principal del estudio, denominado EAT (Enquirig About Tolerance, indagando sobre tolerancia), no era investigar cómo incide la alimentación en la manera en que duermen los bebés, sino averiguar si introducir antes la alimentación complementaria podría reducir las alergias.

Y para ello llegaron a adelantar hasta los tres meses la oferta de nuevos nutrientes a los lactantes. Las conclusiones, publicadas en The New England Journal of Medicine (NEJM) en 2016, apuntaban hacia la consecución de la meta propuesta, pero el estudio se enfrentó a un problema de base: generalmente, los lactantes de tres meses -o incluso cuatro- no están preparados para recibir alimentos distintos a la leche y los rechazan. De hecho, buena parte de las madres no consiguieron que sus hijos -que se aferraban a la leche materna- probasen nuevos manjares.

16 minutos al día

El artículo que se acaba de publicar representa un subestudio de EAT, aprovechando el amplio cuestionario que tuvieron que completar las madres de los 1.300 bebés con los que se pudo contar, que fueron divididos de forma aleatoria en dos grupos: los del primero siguieron con lactancia materna exclusiva hasta los seis meses, mientras que los del segundo empezaron a recibir otros nutrientes a partir de los tres meses de edad.

Los investigadores comprobaron que los lactantes del segundo grupo dormían más y se despertaban con menor frecuencia que los del primero. Las diferencias alcanzaban su pico máximo hacia los seis meses, cuando los del grupo de introducción adelantada de la alimentación complementaria dormían, de media, 16 minutos más por noche que los de lactancia exclusiva y su frecuencia de despertares decrecía de dos a 1,74 veces. Estas diferencias se traducían, a su vez, en una mejora de la calidad de vida materna.

Lo primero que llama la atención de estos resultados es que, tal y como reconocen los propios autores, las divergencias entre uno y otro grupo son pequeñas. Así lo entiende José Manuel Moreno, coordinador del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría (AEP), quien cree que se trata de “un estudio interesante realizado de acuerdo con la metodología científica”.

La mayoría de los lactantes de pocos meses rechazan ingerir productos distintos a la leche

El experto advierte, no obstante, que el sueño no se puede considerar de forma aislada, sino como parte de un todo. “Se trata de una sola variable de salud y a corto plazo”, precisa. Habría que averiguar qué supone “esa diferencia de 16 minutos -que son 2 horas a la semana- a largo plazo”. Por lo tanto, Moreno cree que este estudio, por sí solo, no aporta argumentos suficientes para alterar la recomendación de iniciar la alimentación complementaria hacia los 6 meses. No obstante, el pediatra estima que se puede extraer el mensaje de que existe un margen para “flexibilizar” el inicio de la nutrición que acompaña a la leche hasta el año.

Una cuestión fisiológica

En cambio, Teresa Cenarro, especialista en Nutrición de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) y presidenta de la Asociación Aragonesa de Pediatría de Atención Primaria, se muestra mucho más tajante en sus críticas al estudio:“sus resultados no son concluyentes; habría que seguir investigando”. Además de reiterar que la mejora en el tiempo y calidad del sueño es muy pequeña, cree que “lo que no dice el estudio es cuántas tomas de leche materna se pierden por iniciar la alimentación complementaria de forma tan temprana”.

Por otra parte, subraya que “en los primeros meses de vida se producen, por razones fisiológicas, muchos despertares nocturnos. No es nada patológico”.

Respecto a la calidad de vida de los padres se pregunta: “¿Qué prima más, el bienestar de los padres durante unos meses o la futura salud de su hijo?”.

Recomendaciones sobre alimentación complementaria de las asociaciones de pediatría

  • Hasta los 6 meses al bebé solo le hace falta tomar leche materna (preferiblemente) o preparados para lactantes.
  • Los nuevos alimentos se introducen poco a poco. De uno en uno y en pequeña cantidad. Pueden ser de la comida normal de la familia.
  • Los nuevos alimentos complementan a la leche materna (o al preparado para lactantes).
  • Es bueno fomentar que el bebé aprenda habilidades. Darle de comer con cuchara y vaso. Dejar que manipule los alimentos. Estimular que mastique.
  • Cuando el bebé indica que está saciado, no hay que insistir en que tome más cantidad.
  • Entre los 6 y los 12 meses se pueden introducir prácticamente todos los alimentos. La leche entera, la miel y los frutos secos son algunas de las excepciones.
  • No parece haber razones científicas que justifiquen un orden concreto de introducción de los diferentes alimentos

El patrón de sueño considerado normal no se alcanza hasta los 5-6 años

La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) relata en un documento las principales características del sueño infantil. En primer lugar, los expertos aclaran que los niños terminan adquiriendo “el patrón del sueño considerado normal de forma natural y espontánea (como la deambulación o el control de esfínteres) pero, como en otros aspectos del desarrollo infantil, hay gran variabilidad”.

Los bebés duermen la mayor parte del día, hasta un total de 16-18 horas, pero se despiertan a menudo para comer, pues su crecimiento es muy rápido en esta primera fase.

Bebé de siete meses durmiendo sobre sábanas y almohada blancas.
Los bebés tienen un sueño muy fragmentado.

Hacia los 2 meses y medio pasan ya algún rato más largo despiertos y sin comer y a partir del segundo semestre de la vida van apareciendo las fases de sueño de la edad adulta, aunque “cada bebé evolucionará de forma particular”. En todo caso, todavía son frecuentes los despertares. El patrón adulto de sueño se adquiere hacia los 5-6 años.

Según los datos recabados por la AEPap, “3 de cada 10 niños pueden tener alguna dificultad para adquirir un patrón de sueño regular”. En muchos casos “puede tratarse de expectativas poco realistas por parte de la familia”, mientras que en otros “está relacionado con el temperamento infantil o con las rutinas de sueño inadecuadas”.

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